Nueva York, Atlanta y Houston sufren colas de seguridad de horas mientras se intensifica el control migratorio en terminales
El despliegue de cientos de agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en 14 aeropuertos principales de Estados Unidos ha generado un problema operativo que refleja una realidad incómoda: la ejecución de política migratoria sin coordinación con infraestructura aeroportuaria existente está produciendo el caos que los gobiernos autoritarios generan cuando imponen medidas sin planificación institucional.
Los aeropuertos de Nueva York, Atlanta y Houston —tres de los mayores hubs del país— han experimentado colas de seguridad que se extienden por horas. Esto no es un efecto colateral menor. Es un síntoma de que algo fundamental está fallando en la arquitectura de decisiones.
El problema de la ejecución sin coordinación
Cuando un gobierno implementa operaciones de control masivo sin coordinar con las agencias que administran la infraestructura crítica, el resultado es predecible: caos. Los aeropuertos estadounidenses operan bajo estándares de capacidad que fueron diseñados décadas atrás. La Administración de Seguridad del Transporte (TSA) y las autoridades aeroportuarias tienen flujos de pasajeros calculados al milímetro. Insertar cientos de agentes adicionales sin un plan logístico es como agregar tráfico a una carretera sin ampliar carriles.
Esto no es un argumento contra la aplicación de leyes migratorias. Es un argumento contra la incompetencia administrativa.
En Canadá, que también enfrenta presiones migratorias, existe un precedente relevante: cuando las agencias aumentan operaciones en puntos críticos, deben coordinar con Servicios Fronterizos de Canadá (CBSA) y autoridades aeroportuarias. El resultado no es siempre perfecto, pero la estructura existe. En EE.UU., lo que vemos es intervención sin arquitectura.
El costo invisible de la desorganización
Las colas de seguridad de horas en Nueva York, Atlanta y Houston no afectan solo a migrantes. Afectan a ciudadanos estadounidenses, a ejecutivos, a trabajadores que necesitan viajar por negocios. Cada hora de demora en un aeropuerto es productividad perdida, es frustración acumulada, es ineficiencia que perjudica al mercado.
Un pais funciona cuando la aplicación de la ley no sabotea la economía real. Cuando la frontera no se convierte en un cuello de botella que daña la fluidez del comercio y la movilidad legítima.
México aprendió esto en los últimos años, aunque lentamente. La militarización de la frontera bajo la Guardia Nacional generó, en algunos puntos, cuellos de botella similares que afectaron a comerciantes, transportistas y empresarios legales. La lección: la seguridad sin eficiencia es solo opresión que daña a los que deberías proteger.
El despliegue de ICE: ¿política o teatro?
La pregunta que debe hacerse es si este despliegue de cientos de agentes en 14 aeropuertos es una estrategia operativa coherente o un gesto político. Cientos de agentes suena impresionante en un comunicado de prensa. En la práctica operativa, sin coordinación logística, puede ser simplemente costoso y contraproducente.
Un gobierno competente harría lo siguiente: 1) Establecería objetivos específicos de qué busca lograr; 2) Coordinaría con TSA y autoridades aeroportuarias para minimizar disrupciones; 3) Reduciría colas, no las extendería; 4) Mediría resultados en términos de deportaciones efectivas, no en número de agentes desplegados.
No hay evidencia de que esto esté sucediendo.
El contraste con la gestión institucional
En Canada, el gobierno Trudeau ha sido criticado —con razón— por debilitar las instituciones migratorias: Inmigración, Refugiados y Ciudadanía (IRCC) está saturada, los tiempos de procesamiento son absurdos, y el sistema está colapsando. Pero al menos reconocen públicamente que hay un problema institucional.
En EE.UU., lo que se ve es la imposición de más agentes sin abordar si los sistemas subyacentes pueden procesarlos efectivamente.
Una democracia de calidad requiere que los gobiernos ejecuten la ley con competencia, no solo con intención. El despliegue de ICE en 14 aeropuertos es una demostración de voluntad política. Las colas de horas son una demostración de falta de planificación.
Conclusión: eficiencia o caos
La aplicación de la ley migratoria es legítima. Pero debe hacerse sin sabotear la infraestructura que sostiene la economía. Cientos de agentes en 14 aeropuertos pueden ser efectivos si están integrados en un sistema coherente. Si no, son un gasto disfrazado de acción.
Este es el momento en que los republicanos que defienden la aplicación de las leyes migratorias deben exigir a su gobierno: ¿están estos agentes logrando resultados, o solo generando caos? Porque un gobierno de derecha que se supone representa el libre mercado no puede justificar operaciones que daña la movilidad económica legítima.
Las instituciones funcionan o no funcionan. Las colas de horas en Nueva York no son victoria. Son incompetencia.
Por Sandra Gutierrez