La administración busca financiamiento para operaciones militares y restructura instituciones clave. Canadá y estados republicanos responden con sus propias estrategias.
La administración Trump ha abierto un frente de gastos que debería preocupar a todo republicano que se precie de ser conservador fiscal: solicita al Congreso 200 mil millones de dólares para financiar operaciones en Irán, incluyendo el posible despliegue de tropas terrestres.
Dejemos algo claro desde el principio. Los 200 mil millones de dólares no son un número abstracto. Es más que el presupuesto anual completo del Departamento de Defensa de muchos países del mundo. Es dinero que saldrá del bolsillo de contribuyentes estadounidenses. Y en Washington, cuando pides ese volumen de recursos, alguien tiene que pagarlo o el déficit crece.
Trump analiza además desplegar tropas de combate en Irán. Eso significa que no estamos hablando de operaciones limitadas de inteligencia o ataques quirúrgicos. Estamos en territorio de compromiso militar a largo plazo. Historia reciente demuestra que las intervenciones terrestres en Oriente Medio tienden a ser caras, impredecibles y prolongadas. Vietnam. Afganistán. Iraq. El patrón es claro.
Mientras tanto, la administración está moviendo fichas en otro tablero que merece atención: las instituciones que controlan la política migratoria.
Trump ha reducido el número de miembros en la Junta de Apelaciones de Inmigración y la ha llenado con sus designados. Esto no es un detalle administrativo. Es una concentración deliberada de poder que limita las protecciones de debido proceso disponibles para inmigrantes. Cuando controlas quiénes están en la junta que revisa las decisiones migratorias, controlas los resultados. Punto.
Esto sucede mientras estados republicanos aprueban sus propias versiones de la Ley SAVE respaldada por Trump, introduciendo nuevos requisitos de prueba de ciudadanía para votar. La legislación enfrenta obstáculos en el Senado federal, pero avanza en los estados. Es una estrategia de dos niveles: cuando Washington no te da lo que quieres, lo haces a nivel estatal.
Desde una perspectiva de libertades individuales, la tensión aquí es real. Sí, hay preocupaciones legítimas sobre integridad electoral. Pero también hay un principio conservador fundamental: desconfiar de concentraciones de poder, aún cuando sirven nuestros objetivos políticos de corto plazo. Reducir miembros en juntas de apelación para garantizar resultados predeterminados es exactamente lo que criticamos cuando lo hace la izquierda. Las reglas deben ser neutrales, aún si eso significa perder casos específicos.
En el frente internacional, el líder conservador canadiense Pierre Poilievre fue al podcast de Joe Rogan para llevar directamente a audiencia estadounidense su mensaje: eliminar los aranceles que Trump ha impuesto a Canadá. Lo hizo en lo que describió como el podcast más grande del mundo. Poilievre entiende algo que debería ser obvio: cuando Trump actúa unilateralmente en política comercial, los aliados responden. No siempre en forma directa. A veces en plataformas que llegan a millones.
Los aranceles son una herramienta de negociación válida. Pero son también un impuesto que pagan consumidores estadounidenses cuando las empresas trasladan costos. Cuando afectan a aliados como Canadá, generan fricción en relaciones que necesitamos estables. Poilievre yendo a Rogan muestra que Canadá está haciendo lobbying a nivel de base estadounidense. Eso es lo que pasa cuando se escalona una guerra comercial.
Por último, está el asunto de AIPAC enfrentando resultados mixtos en primarias de Illinois. El grupo pro-Israel ganó en dos contiendas pero no aseguró su resultado preferido en los dos distritos donde gastó más recursos. Es su primer examen electoral de mitad de término. Aquí hay una lección: dinero no garantiza resultados. Los votantes tienen su propia agenda. AIPAC tendrá que reevaluar cómo opera si quiere mantener influencia.
Juntemos los puntos. Trump solicita dinero para una guerra potencial en Irán. Concentra poder en instituciones migratorias. Enfrenta bloqueos en aranceles comerciales. Y grupos que lo apoyan ven resultados mixtos.
Esto es la realidad de gobernar: no puedes tenerlo todo. Cada dólar gastado en Irán es un dólar que no va a infraestructura o reducción de impuestos. Cada concentración de poder, aunque sea para objetivos que apoyas, sienta un precedente que la próxima administración usará contra ti. Cada batalla comercial tiene un costo de gobernanza.
Los republicanos deberían exigir explicaciones claras antes de escribir un cheque de 200 mil millones de dólares. Y deberían cuestionarse si concentrar poder en instituciones federales es realmente lo que defendemos cuando criticamos al gobierno grande.
Por Carlos Mendoza