El presidente busca coalición internacional mientras la guerra en Irán entra en su tercera semana. Una estrategia de presión diplomática con implicaciones globales.

Donald Trump está ejerciendo presión diplomática activa sobre sus aliados para conformar una coalición internacional destinada a asegurar el Estrecho de Ormuz, uno de los puntos geográficos más críticos para el comercio global. La iniciativa se despliega en un momento de máxima tensión: la guerra con Irán ha entrado en su tercera semana, y el control de esta vía es tanto una cuestión estratégica como económica.

La iniciativa revela un patrón claro en la estrategia de Trump: cuando identifica una amenaza a intereses estadounidenses, moviliza recursos diplomáticos para construir coaliciones que compartan la carga — y compartan también el riesgo.

Por qué el Estrecho de Ormuz importa

El Estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Océano Índico. Por esta vía transitan aproximadamente 21 millones de barriles de petróleo al día, lo que representa casi un cuarto del comercio energético mundial. Cualquier bloqueo, incluso parcial, genera shocks económicos que se sienten en las gasolineras de Toronto, en los costos de transporte en Ciudad de México y en las facturas de energía de empresas en Estados Unidos.

Irán, que controla la costa sureste del Estrecho, ha demostrado en el pasado su disposición a usar esta geografía como arma política. Una guerra en su tercera semana intensifica el riesgo de que los ataques iránicos o de sus proxy groups interrumpan la navegación comercial.

La diplomacia de la presión

La estrategia de Trump aquí es directa: no es suficiente que Estados Unidos patrullen la zona. Necesita que aliados como Gran Bretaña, Francia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y otros países del Golfo se comprometan formalmente a proteger la libertad de navegación. Eso tiene dos ventajas políticas claras.

Primero, distribuye la responsabilidad militar y los costos. Si hay un incidente naval, no es solo la Marina estadounidense la que responde — es una coalición. Eso reduce el riesgo político doméstico para Trump y demuestra que la amenaza es genuinamente internacional, no un invento estadounidense.

Segundo, envía un mensaje de unidad que debilita la posición negociadora de Irán. Un país enfrentado a una coalición cohesionada de marinas y gobiernos tiene menos espacio para dividir a occidente mediante negociaciones bilaterales.

El costo político de la ambición

Pero presionar a aliados para que se unan a una coalición es más complejo que ordenar a tropas estadounidenses. Cada aliado tiene sus propios cálculos: riesgos domésticos, inversiones en Irán que podrían ser congeladas, o simplemente la reticencia a comprometerse en una guerra que no es la suya.

Canadá, por ejemplo, enfrenta dilemas similares en sus relaciones con Washington. Cuando Estados Unidos pide apoyo en iniciativas militares o estratégicas, Canadá debe equilibrar su relación con su vecino más poderoso contra sus propios intereses comerciales y su imagen internacional. No es sorpresa que el gobierno canadiense sea cauto con compromisos militares en el Golfo Pérsico.

México, fuera de esta región geográfica pero atento a cualquier fricción comercial que resulte de la escalada regional, observa con preocupación. Una guerra prolongada en Irán en su tercera semana ya está afectando precios de energía y mercados financieros. La volatilidad no beneficia a economías pequeñas.

El test de fortaleza institucional

Esta iniciativa también revela algo sobre cómo Trump visualiza la influencia estadounidense: mediante coaliciones presionadas, no mediante organizaciones multilaterales con reglas establecidas. Es eficiente en el corto plazo, pero frágil en el largo plazo. Una coalición que existe porque el presidente presionó es una coalición que puede disolverse cuando cambian los cálculos políticos internos de cada miembro.

Compáralo con cómo funcionan las instituciones verdaderas: la OTAN, por ejemplo, existe porque sus miembros firmaron un tratado con contrapesos legales. Cuando un miembro se retira, hay consecuencias conocidas. Una coalición ad hoc sobre el Estrecho de Ormuz depende completamente de la voluntad política del momento.

Conclusión: presión que requiere precisión

Trump está apostando a que el miedo a Irán es suficientemente grande para mantener a los aliados en formación. Quizás tenga razón. Una guerra en su tercera semana que amenaza el suministro energético global es una amenaza real.

Pero la presión diplomática solo funciona si los aliados creen que el costo de no cooperar es mayor que el costo de cooperar. Si Trump calcula mal esa ecuación, la coalición que busca puede desmoronarse en el momento en que la necesite más.

Eso es lo que separa a la diplomacia competente de la improvisación: la precisión en entender qué mueve a cada actor, no solo la capacidad de ejercer presión.


Por Sandra Gutierrez