La Jefa de Gabinete continuará trabajando virtualmente durante tratamiento. Mientras tanto, demócratas ganan terreno en elecciones estatales y el presidente presiona aliados sobre Estrecho de Ormuz.
La Casa Blanca enfrenta un momento de transición interna mientras la Jefa de Gabinete Susie Wiles fue diagnosticada con cáncer de mama, según anunció el Presidente Trump el lunes 16 de marzo. El anuncio llega en medio de una agenda presidencial intenso en lo diplomático y electoral.
Wiles, figura clave en la operación diaria de la Casa Blanca, continuará trabajando virtualmente a tiempo completo durante su tratamiento. Su permanencia en el cargo subraya la confianza que Trump depositó en ella al nombrarla para esta posición crítica. Sin embargo, el impacto de su ausencia física en las operaciones diarias de la administración es un factor que no debería subestimarse en una Casa Blanca que depende de coordinación constante entre departamentos.
Este desarrollo ocurre mientras Trump intensifica esfuerzos diplomáticos en el Medio Oriente. El presidente continúa presionando a aliados estadounidenses para unirse a una coalición destinada a asegurar el Estrecho de Ormuz, en el contexto de la guerra en Irán que entra en su tercera semana. Es una jugada clásica de Trump: usar la presión bilateral para construir coaliciones, en lugar de depender únicamente de estructuras multilaterales establecidas. La pregunta ahora es si los aliados responderán con el compromiso que Washington demanda.
Esta diplomacia activa contrasta con los resultados que Trump está viendo en casa. Los datos sobre elecciones estatales revelan un panorama complicado para los republicanos. Desde que Trump asumió la presidencia hace 14 meses, los demócratas han ganado 28 escaños en legislaturas estatales. No es una cifra abrumadora, pero es significativa: sugiere que la participación electoral está elevada y que los demócratas están movilizando a sus votantes a nivel estatal.
Esta tendencia tiene importancia más allá del corto plazo. Las elecciones intermedias están en el horizonte, y cuando las legislaturas estatales comienzan a inclinarse hacia el otro lado, las campañas presidenciales futuras enfrentan un terreno más difícil. Los demócratas lo saben. Los republicanos también deberían saberlo.
El martes 17 de marzo, Illinois fue escenario de primarias estatales con una contienda demócrata particularmente relevante: la elección para reemplazar al Senador Dick Durbin, quien se retira. Illinois es un estado tradicionalmente demócrata, pero la composición de quién ocupe ese escaño en el Senado no es trivial. Los escaños senatoriales no son intercambiables. Cada uno refleja la dirección política de un estado.
Ahora bien, sobre la brújula política del presidente: el lunes mismo que anunció el diagnóstico de Wiles, Trump realizó comentarios burladores sobre la dislexia del Gobernador Gavin Newsom, afirmando que los presidentes no deberían tener discapacidades de aprendizaje. Es un comentario que requiere contexto.
Primero, la dislexia es una discapacidad de procesamiento, no de capacidad intelectual. Lo sabe cualquiera que haya dedicado cinco minutos a leer la literatura médica al respecto. Segundo, sugerir que una persona no debería ocupar un cargo ejecutivo porque tiene una discapacidad de aprendizaje es exactamente el tipo de argumento que los defensores de derechos civiles llevan a los tribunales.
El Centro Nacional para Discapacidades de Aprendizaje expresó su perturbación por los comentarios presidenciales. Tienen razón en hacerlo. Independientemente de la posición política que uno tenga sobre Newsom o su gobernanza en California, cuestionar la capacidad de una persona para ejercer funciones públicas en función de una discapacidad neurológica cruza una línea que, una vez cruzada, no se puede descruzar fácilmente.
Está el riesgo político aquí también. Trump ganó apoyo entre votantes que se sienten abandonados por la élite institucional. Pero ridiculizar a alguien por una discapacidad no es "decir la verdad a los poderosos"—es simplemente cruel, y tiende a hacer que incluso quienes simpatizaban con su mensaje se replanteen si vale la pena el precio de entrada.
La semana refleja una Casa Blanca que está operando en múltiples frentes simultáneamente. En lo interno, una jefa de gabinete enfrenta un desafío serio a su salud pero se mantiene en funciones. En lo electoral, los números sugeieren que los republicanos enfrentan una base demócrata más movilizada de lo que podrían desear. En lo diplomático, el presidente presiona coaliciones en una región volátil. Y en lo retórico, ha elegido un momento de vulnerabilidad ajena para hacer comentarios que probablemente no ayuden a su marca política.
Dicho todo esto, Wiles continuará trabajando. Trump continuará presionando a aliados. Los demócratas continuarán movilizándose. Y los republicanos deberían estar pensando seriamente en por qué están perdiendo terreno en legislaturas estatales.
Por Carlos Mendoza