Un juez frena pesquisa sobre la Reserva Federal. Simultáneamente, Los Ángeles investiga vínculos de su jefe olímpico con Epstein. Tres crisis que revelan debilidad institucional.

Tres eventos simultáneos en Estados Unidos exponen una realidad incómoda que los medios tradicionales prefieren ignorar: las instituciones estadounidenses están funcionando de manera errática, y nadie parece tener claro quién supervisa a quién.

El bloqueo de la Fed: ¿justicia o proteccionismo institucional?

Un juez federal bloqueó las citaciones emitidas para investigar la Reserva Federal, determinando que no existe "evidencia suficiente" para justificar la pesquisa. La decisión es problemática no por lo que dice, sino por lo que implica.

Jeanine Pirro anunció que apelará la decisión, pero aquí está el problema: si un juez determina que investigar a la institución más poderosa del sistema financiero estadounidense requiere un estándar de evidencia más alto que el que se aplica a cualquier otra agencia federal, entonces tenemos un problema de proporciones institucionales.

La Reserva Federal ejerce control sobre la oferta monetaria, las tasas de interés y, efectivamente, sobre la salud económica del país. Que sea más difícil investigarla que investigar una agencia ambiental o un departamento de vivienda plantea una pregunta incómoda: ¿quién supervisa al supervisor?

No se trata de si la investigación era meritoria o no. Se trata de que la Reserva Federal parece gozar de una protección legal que no disfrutan otras instituciones. En un sistema de pesos y contrapesos, eso es una anomalía.

Los Ángeles investiga a su jefe olímpico: la conexión Epstein

Mientras tanto, el ayuntamiento de Los Ángeles votó unánimemente para investigar a Casey Wasserman, jefe de la organización de Los Juegos Olímpicos de 2028, por sus conexiones con Jeffrey Epstein.

Esto no es un escándalo menor. Los Juegos Olímpicos de 2028 son un evento de proyección global. Los Ángeles invirtió años y miles de millones en infraestructura, seguridad y reputación. Que el ejecutivo principal tenga vínculos documentados con Epstein es, en el mejor de los casos, un fracaso monumental de diligencia debida en la selección de liderazgo.

La moción del ayuntamiento busca determinar si existen "conflictos de interés" antes de los Juegos. Pero el daño reputacional ya está hecho. Si Los Ángeles no hubiese hecho las preguntas correctas hace años, ¿qué otras preguntas dejó sin hacer?

Estamos hablando de la ciudad anfitriona de un evento que traerá a cientos de miles de visitantes internacionales, atletas y autoridades. La confianza institucional importa. Y justo ahora, esa confianza está bajo sospecha.

El patrón: instituciones débiles en su supervisión

Lo que conecta estos eventos no es una conspiración, es algo más preocupante: un patrón de supervisión débil, inconsistente y proteccionista en instituciones de alto nivel.

Cuando la justicia bloquea investigaciones sobre la Reserva Federal argumentando "falta de evidencia", pero permite que se investigue a un funcionario municipal por vínculos con criminales, algo está mal en cómo se aplican los estándares.

Cuando el responsable de un evento global de la magnitud de los Juegos Olímpicos tiene vínculos documentados con Epstein y nadie lo detectó en el proceso de selección, algo está mal en cómo se validan los candidatos para cargos de liderazgo.

Estas no son historias aisladas. Son síntomas de instituciones que no tienen mecanismos de control efectivos, o que los tienen pero no los aplican de manera consistente.

Lo que viene

La apelación de Pirro sobre la Fed probablemente durará meses o años. Los Ángeles investigará a Wasserman, pero los Juegos ya están marcados por la controversia. Mientras tanto, los ciudadanos comunes siguen pagando impuestos a instituciones que se supervisan a sí mismas con criterios que nadie logra entender completamente.

En un sistema de gobierno limitado y competencia institucional real, estas situaciones no deberían ocurrir. Las instituciones debe competir entre sí, no protegerse mutuamente. La supervisión debe ser consistente. Y los estándares de investigación no deberían variar según quién sea investigado.

México ve estos problemas estadounidenses y, desafortunadamente, está replicando muchos de ellos: concentración de poder, debilitamiento de contrapesos, supervisión inconsistente. La diferencia es que México no tiene los anticuerpos institucionales de Estados Unidos para corregir el rumbo. Eso debería preocupar a cualquiera que crea en el estado de derecho.


Por Patricia Nunez