Scott Bessent anuncia incremento sobre la tasa base del 10%. Un paso que replica el patrón de 2018 con riesgos conocidos para cadenas de suministro.
El Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha anunciado que durante la semana del 3 de marzo de 2026 se implementará un aumento en los aranceles globales sobre importaciones. El incremento se aplicará sobre la estructura arancelaria existente del 10 por ciento, lo que significa que la tasa base subirá desde ese nivel.
Esta decisión reactiva una herramienta que define la política comercial estadounidense desde 2017. Para entender sus implicaciones reales, es necesario analizar qué sucedió la última vez que se escaló de manera similar.
El precedente de 2018
Entre marzo y septiembre de 2018, la administración anterior implementó aumentos arancelarios progresivos que comenzaron en 25 por ciento sobre acero y 10 por ciento sobre aluminio. El argumento central era que la industria manufacturera estadounidense requería protección. Los datos posteriores mostraron resultados mixtos: la producción de acero en EE.UU. aumentó 2.4 por ciento en 2018, pero el costo de bienes manufacturados que utilizaban acero como insumo se incrementó entre 3 y 5 por ciento, erosionando márgenes en sectores como la construcción, la maquinaria industrial y la automoción.
Las compras estadounidenses de productos chinos entre enero y julio de 2018 cayeron 7.2 por ciento en volumen, pero los precios al consumidor de importaciones en esos mismos artículos subieron 4.8 por ciento, sugiriendo que las empresas estadounidenses absorbieron costos adicionales que luego trasladaron parcialmente al consumidor.
El mecanismo económico en juego
Los aranceles funcionan como un impuesto sobre las importaciones. Cuando el gobierno aumenta la tasa base del 10 por ciento a una cifra superior—el anuncio no especifica cuánto será el incremento—ocurren tres efectos simultáneos:
Primero, los precios de bienes importados suben. Las empresas que compran insumos del extranjero enfrentan costos incrementales. Una manufactura que importa componentes electrónicos a tasa del 10 por ciento verá su costo de importación aumentar proporcionalmente. Eso es matemática directa.
Segundo, algunos productores locales pueden aumentar precios aprovechando la protección. Si una empresa estadounidense de acero enfrenta menos competencia de importaciones más caras, tiene incentivos para aumentar sus propios precios. Entre 2018 y 2019, los precios del acero doméstico en EE.UU. subieron 12 por ciento mientras la demanda caía.
Tercero, algunos empleadores pueden reducir volumen de compras o reconfigurar cadenas de suministro hacia proveedores de terceros países con acuerdos comerciales más favorables, trasladando el problema en lugar de resolverlo.
¿Por qué Bessent anuncia esto ahora?
El contexto político es relevante. La administración actual ha enfatizado la negociación comercial como herramienta de política exterior y la renegociación de términos con socios comerciales tradicionales. Un aumento arancelario global es una señal de apertura negociadora—una declaración de que EE.UU. está dispuesto a usar su poder de compra como palanca.
Pero existe un riesgo operativo: los mercados internacionales ya están calibrados con la estructura actual del 10 por ciento. Las cadenas de suministro se optimizaron bajo esas condiciones. Un cambio de magnitud desconocida genera incertidumbre de precios en tiempo real, lo que comprime márgenes de ganancias en el corto plazo mientras los agentes económicos se reajustan.
Lo que los datos nos dicen
Históricamente, cada aumento arancelario significativo generó ganadores localizados (un sector protegido específico) pero perdedores distribuidos (todos los sectores que utilizan ese insumo). La Asociación de Manufactureros Estadounidenses estimó en 2018 que los aranceles sobre acero costaron aproximadamente 75,000 empleos en sectores valle abajo, mientras que protegieron aproximadamente 25,000 en industrias directamente favorecidas.
La magnitud del aumento anunciado será crucial. Un incremento de 2 a 3 puntos porcentuales sobre la base del 10 por ciento es moderado y geográficamente dirigible. Un aumento de 10 o más puntos porcentuales tendría efectos sistémicos sobre inflación y empleo en sectores manufactureros dependientes de importaciones.
El Tesoro no ha especificado ni la magnitud ni los sectores excepto de la aplicación global. Eso es información que los mercados necesitarán dentro de días para ajustar precios de activos, decisiones de inversión y planes de contratación.
Conclusión
El anuncio de Bessent reactiva un debate económico de dos décadas: ¿pueden los aranceles proteger empleos domésticos sin destruir otros empleos? La evidencia histórica sugiere que la respuesta es matizada. Funcionan bajo condiciones muy específicas y con duraciones limitadas. Aplicados globalmente y sin término definido, tienden a generar inflación y distorsión de precios más que ganancia neta de empleo.
Los próximos datos que importan: la magnitud exacta del aumento, la lista de excepciones, y la duración anunciada. Esos detalles determinarán si esto es táctica negociadora o cambio estructural. Por ahora, hay solo un hecho verificado: esta semana Estados Unidos presiona la palanca arancelaria nuevamente. La historia sugiere mirar con escepticismo, pero con atención.
Por Jorge Morales