Senado cede en Irán, Texas se retuerce en primarias y estados demandan fondos. La capital pierde control.

Washington está en un estado de desorden institucional que debería preocupar a cualquiera que crea en los frenos y contrapesos. Esta semana dejó expuesto lo que muchos venimos diciendo: el Congreso ha perdido relevancia real en las decisiones que importan, y los estados están empezando a pelear sus propias batallas contra Washington.

Comencemos por lo más grave: el Senado rechazó la medida para limitar las acciones militares de Trump contra Irán. Los demócratas intentaron restringir los poderes de guerra presidencial. Fracasaron. Ahora la Cámara de Representantes votará sobre una medida similar el 5 de marzo, pero el patrón es claro: cuando se trata de autoridad militar, el Presidente prevalece. Dividido por líneas partidistas, el voto mostró que ninguno de los dos bandos está dispuesto a ceder poder legislativo real al otro cuando controla la Casa Blanca.

Esto es importante entenderlo: no es una victoria de Trump ni una derrota de los demócratas. Es el síntoma de un Congreso que ha abddicado su responsabilidad constitucional de aprobar declaraciones de guerra. El Artículo 1, Sección 8 de la Constitución dice que el Congreso declara la guerra. En 2026, eso es un formalismo. El presidente actúa, el Congreso debatió, y el status quo ganó. Así funciona Washington ahora.

En Texas, el circo político se vuelve grotesco.

El Representante Tony Gonzales (R-Texas) fue forzado a una segunda vuelta electoral contra Brandon Herrera para el 26 de mayo. La razón: enfrenta una investigación ética de la Cámara tras acusaciones de infidelidad con una asistente que después se suicidó. Gonzales admitió un "lapsus de criterio" en el asunto. Traducción: pasó algo muy grave, y él lo minimiza como un error de juicio.

Mientras tanto, en la primaria republicana al Senado, el Senador John Cornyn avanza a segunda vuelta contra Ken Paxton, el Procurador General de Texas. Cornyn logró mantenerse competitivo incluso en condados fuertemente republicanos donde Paxton, siendo AG conservador de Texas, debería haber arrasado. Esto sugiere que hay grietas en la coalición republicana de Texas, o que Cornyn aún tiene músculo político en Washington que resuena en casa.

Esto es más que drama electoral. Texas es Texas. Lo que pasa en las primarias republicanas de Texas importa para el país. Y lo que vemos es que ni siquiera el establishment republicano está unido.

El Gobierno Federal toma rehenes fiscales.

Minnesota presentó una demanda contra la administración Trump por retener fondos Medicaid. El argumento federal: Minnesota no está haciendo suficiente para combatir el fraude. La respuesta de Minnesota: nuestra tasa de fraude está muy por debajo del promedio nacional.

Llámalo lo que quieras, pero esto es el Gobierno Federal usando fondos como arma política. Si Minnesota tiene una tasa de fraude más baja que el promedio nacional, la decisión de retener fondos no es política de fraude — es castigo político. Y eso debería asustarte independientemente de tu posición política.

La pregunta es: ¿qué sucede cuando los estados empiezan a perder fondos por no cumplir estándares que el Gobierno Federal establece unilateralmente? ¿Quién audita esos estándares? ¿Quién verifica que sean aplicados equitativamente? En una era de polarización extrema, esto es un mecanismo perfecto para que Washington castigue a los estados que no obedecen.

La corte comercial autoriza reembolsos de aranceles.

Una corte comercial ordenó reembolsos de aranceles que fueron revocados por la Suprema Corte en febrero. Las empresas ahora pueden reclamar devoluciones de aranceles que fueron eliminados legalmente. Es un goteo de sentencias que revisa, negocia y redefine la política arancelaria de Trump después de que las decisiones ya se tomaron.

Esto es el sistema jurídico haciendo su trabajo lento: desmantelando decisiones ejecutivas línea por línea, dólar por dólar, a través de años de litigio.

¿Qué significa todo esto?

Un Congreso que no frena poder ejecutivo. Un partido dividido incluso en su territorio más seguro. Estados que demandan al Gobierno Federal. Y una máquina judicial que cuestiona cada decisión en cámara lenta.

Esto no es gobierno. Es desorden institucional con gravata.

Alguien tiene que mantener a Washington en línea. Si el Congreso no lo hace, y los partidos se devoran entre sí, ese alguien serán los estados. O nadie. Y es ahí donde las cosas se ponen peligrosas.


Por Carlos Mendoza