Destituye a fiscal general, ordena aranceles farmacéuticos y evacúa tropas de Oriente Medio en semana de decisiones drásticas

La administración Trump ha ejecutado en los últimos días una serie de movimientos que demuestran una estrategia clara: consolidar control interno mientras intensifica la confrontación externa con Irán. No son decisiones aisladas. Son parte de un patrón.

Comencemos por lo que pasó en Washington. El presidente destituyó a la fiscal general Pam Bondi mediante una publicación en redes sociales —sin ceremonia, sin llamada privada—. La razón oficial: frustración con su liderazgo y su manejo de los archivos Epstein. Todd Blanche, vicefiscal general, asumirá como fiscal general interino. Es un movimiento que comunica un mensaje simple: no hay independencia en el Departamento de Justicia. Hay obediencia.

Eso es relevante porque, simultáneamente, el Departamento de Justicia está haciendo algo que requiere atención inmediata. Ha realizado demandas sin precedentes a estados pidiendo datos electorales sensibles: números de licencia de conducir, números de Seguro Social parciales. Estos datos serían compartidos con el Departamento de Seguridad Nacional. Un oficial clave de privacidad renunció en protesta.

Piensa en lo que esto significa. El gobierno federal está consolidando información de identificación estatal en agencias de seguridad, sin legislación que lo autorize. Un funcionario de privacidad consideró que era lo suficientemente grave como para dejar su cargo. Mientras tanto, el fiscal general acaba de ser destituido por no ser "leal" según los estándares de Trump.

Ahora, a la confrontación externa.

Irán atacó refinerías en el Golfo Pérsico. Misiles y drones impactaron la mayor refinería de Kuwait, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Israel. En Irán, un puente clave entre Teherán y Karaj fue destruido. Trump respondió con una advertencia directa: Estados Unidos atacará puentes e instalaciones de energía iraníes.

Esto no es posturing. Trump realizó su primer discurso televisado sobre el conflicto con Irán más de 30 días después del inicio del enfrentamiento. Declaró que los objetivos de guerra están "próximos a completarse". Los mercados no se calmaron. Al contrario: mantuvieron su inquietud.

Mientras tanto, tropas estadounidenses y sus familias están siendo evacuadas de bases en Oriente Medio amenazadas por contraataques iranís. Grupos comunitarios se movilizan para ayudar a las familias. Esto es lo que se llama una escalada real. No es retórica. Es movimiento de personal, es dinero, es riesgo.

La Casa Blanca sostiene que está haciendo la región más segura. Expertos en derecho internacional alegan violaciones. La posición enfrentada es clara.

Mientras tanto, internamente, Trump está usando herramientas que sorprendentemente afectan directamente a ciudadanos y empresas. Los aranceles del 100% sobre medicamentos farmacéuticos fueron ordenados, con excepción de medicinas genéricas. Esto es lo que Trump llama "negociación". Es también lo que llaman extorsión los que reciben la amenaza.

Las compañías farmacéuticas pueden negociar para evitar el arancel. Pero el costo de la negociación —abogados, tiempo, incertidumbre— ya se incurre. Es una transferencia de poder desde el sector privado hacia la Casa Blanca. El gobierno decide quién prospera y quién paga.

En el Pentágono, el secretario de Defensa Hegseth solicitó la renuncia del general Randy George, comandante del Ejército. George fue nominado por Biden en 2023. Este es el mensaje: cualquier oficial de carrera que no esté alineado desaparece.

Reunámoslo todo.

Trump está consolidando el control del Departamento de Justicia. Está recolectando datos electorales y de identidad sin precedentes. Está usando aranceles como un arma de negociación directa contra industrias privadas. Está purificando el Pentágono de oficiales que no comparten su visión. Y está intensificando una confrontación con Irán que ya requiere evacuación de tropas estadounidenses.

Esto no es caos. Es método.

La pregunta no es si Trump está siendo erratico. Es si alguien en Washington está poniendo límites a estas acciones. Hasta ahora, la respuesta parece ser que no. Bondi fue destituida sin resistencia legislativa. Los datos electorales se comparten sin una ley que lo autorize. Los aranceles se imponen por decreto. El general es retirado porque el secretario lo pidió.

Esto es lo que pasa cuando un poder ejecutivo actúa sin contrapeso real. Y el costo de todo esto —en libertades civiles, en certidumbre económica, en vidas en Oriente Medio— apenas está comenzando a contarse.


Por Carlos Mendoza