Mientras Trump negocia con Irán y autoriza ayuda rusa a Cuba, la capital enfrenta crisis institucionales que exponen divisiones profundas

Washington está en punto de quiebre. No es dramatismo. Es la realidad de una capital donde tres crisis convergen simultáneamente, y cada una de ellas plantea preguntas fundamentales sobre cómo funciona el gobierno estadounidense.

Comencemos por los números.

El cierre parcial del Departamento de Seguridad Nacional alcanzó los 44 días esta semana. Es el más largo en la historia estadounidense. Eso no es un récord que deba celebrarse. Mientras los políticos discuten en Washington, los aeropuertos están en caos. Los viajeros enfrentan filas interminables. Los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas siguen trabajando sin paga en las terminales. Los trabajadores de la Administración de Seguridad en el Transporte finalmente reciben sueldo, pero ¿a qué costo? ¿Cuánto tardará la economía en recuperarse de una semana sin funcionarios fronterizos adecuadamente pagados y coordinados?

Esto no es política. Es negligencia institucional.

Mientras tanto, la Corte Suprema de Estados Unidos escuchará argumentos este miércoles sobre un tema que debería haber sido resuelto hace siglos: ¿tienen derecho automático a la ciudadanía todos los niños nacidos en territorio estadounidense? La Decimocuarta Enmienda debería haber cerrado ese debate en 1868. Pero aquí estamos, en 2025, debatiendo si los hijos de inmigrantes tienen derecho a ser estadounidenses por el simple hecho de nacer aquí.

La decisión de la Corte podría afectar el acceso a educación K-12 y a universidades. Traducción: millones de niños podrían perder acceso a escuelas públicas. Millones de familias enfrentarían una incertidumbre legal que paralizaría sus planes educativos y económicos.

Esto es lo que sucede cuando los gobiernos no dan certeza juridica. Las familias no invierten. Los negocios no se expanden. La economía se estanca.

Irán acecha. Trump busca salida.

En Oriente Medio, miles de tropas estadounidenses adicionales están llegando mientras diplomáticos negocian sobre terminar la guerra con Irán. Los funcionarios iraníes advierten contra una invasión terrestre. El mensaje es claro: quieren negociar, pero desde una posición de amenaza.

Mientras tanto, en casa, la coalición conservadora se fractura. En CPAC, hombres jóvenes de MAGA expresaron frustración abierta sobre el conflicto. Los conservadores mayores y los jóvenes están divididos sobre cómo proceder. Hay presión creciente sobre Trump para encontrar una salida.

Esto es importante: un presidente enfrentando presión interna sobre política exterior mientras maneja crisis domésticas. La Casa Blanca está dividida entre los que quieren negociar y los que quieren una posición dura.

Y luego está la decisión sobre Cuba.

Trump declaró que no tiene "ningún problema" con que un buque cisterna de petróleo ruso entregue ayuda a Cuba. Eso contradice décadas de política estadounidense de bloqueo petrolero contra la isla. ¿Por qué importa? Porque muestra algo importante: Trump está dispuesto a revisar políticas tradicionales si cree que es lo correcto. Para algunos, eso es pragmatismo. Para otros, es abandono de principios.

Los crímenes continúan sin castigo.

Mientras Washington debate ciudadanía y conflictos exteriores, el Comité de Ética de la Cámara encontró culpable a la Representante Shelia Cherfilus-McCormick de violaciones éticas después de una rara audiencia pública sobre alegaciones de crímenes financieros. El sistema de ética legislativa funciona, pero ¿a qué ritmo? Cuando los funcionarios electos son procesados públicamente, es porque el daño ya está hecho.

Más preocupante aún: piratas informáticos respaldados por Irán accedieron a correos personales del director del FBI, Kash Patel. Compartieron su currículum y fotografías. El FBI dice que la información es histórica. Histórica o no, esto muestra que los servicios de inteligencia iranís son capaces de infiltrarse en la infraestructura de seguridad estadounidense de manera sofisticada.

¿A quién le importa todo esto?

Al ciudadano que trabaja, que paga impuestos, que quiere certeza. Necesita saber si su hijo puede ir a la universidad pública. Necesita saber que los aeropuertos funcionan. Necesita saber que el gobierno está enfocado en proteger sus intereses, no en debatir crisis institucionales que debieron haber sido resueltas hace años.

Washington está disfuncional. No porque los políticos sean malas personas. Sino porque el sistema ha crecido tanto que nadie controla nada.

Eso es lo que sucede cuando el gobierno deja de servir y comienza a existir para sí mismo.


Por Carlos Mendoza