Mientras aprobación cae por conflicto y gasolina cara, su administración lidia con filtraciones de hackers iraníes, cierre de fronteras y tensiones internas
La administración Trump está navegando simultáneamente por tres crisis que amenazan su estabilidad política: una guerra de un mes con Irán que erosiona su aprobación presidencial, un cierre parcial del Departamento de Seguridad Nacional que tiene a agentes de la TSA sin pagar por más de 30 días, y operaciones de hackers iraníes que han comprometido sistemas de inteligencia estadounidenses.
La confluencia de eventos no es casual. Cada uno afecta la capacidad del gobierno para funcionar. Cada uno tiene costo político real.
Aprobación en caída libre
Los números no mienten. La guerra con Irán, ahora en su primer mes de duración, ha impactado directamente en las métricas de aprobación presidencial. Pero el problema no es solo el conflicto en sí: son los precios de gasolina.
Los estadounidenses no votan sobre política exterior abstracta. Votan cuando abren el monedero en la gasolinera. Los analistas económicos ya advierten sobre señales de alerta en las métricas económicas generales. Cuando la energía sube de precio, todo sube. Alimentos, transporte, manufactura. La factura llega a la cocina de cada casa.
Eso explica la caída en aprobación. No es ideología. Es economía doméstica.
El caos en la frontera mientras Trump intenta gobernar
Mientras todo esto ocurre, los republicanos de la Cámara están bloqueando el plan del Senado para terminar el cierre del Departamento de Seguridad Nacional. El resultado: agentes de la TSA llevan más de un mes sin recibir nómina.
Esto es caos operacional puro. Los viajes aéreos están en desorden. Los puertos de entrada están bajo presión. Y la administración Trump, que prometió eficiencia y orden, está atrapada en una pelea interna republicana sobre quién controla el presupuesto de seguridad nacional.
La ironía es cruda: Trump construyó su marca política en torno a la seguridad de la frontera y el orden. Ahora su propio partido lo sabotea.
Hackers iraníes en el servidor del FBI
En paralelo, un grupo de hackers respaldado por Irán logró acceder a los correos personales de Kash Patel, director del FBI. No fue un ataque superficial. Extrajeron y compartieron el currículum de Patel, fotos personales, material que revela capacidades de inteligencia estadounidenses.
El FBI confirmó que la información es de naturaleza histórica, lo que significa que los iraníes tienen acceso a registros que van años atrás. Eso no es un golpe táctico. Es una victoria estratégica para el adversario.
Esta operación demuestra que mientras Trump pelea con Irán en el terreno militar, sus enemigos lo están atacando en el ciberespacio donde las defensas están débiles.
División conservadora en CPAC
En la Conferencia de Acción Política Conservadora 2026 en Texas, las tensiones sobre la guerra con Irán salieron a la luz. La base conservadora no está unida en la estrategia de guerra. Hay fisuras.
Lo único que mantiene cohesión es Trump como figura personal. Mientras él siga siendo el eje, la coalición conservadora se mantiene en pie. Pero eso es frágil. Si la guerra se prolonga, si los precios suben más, si hay bajas estadounidenses significativas, esa unidad puede colapsar.
Movimientos extraños en Seguridad Nacional
Ahora viene lo que nadie explica bien: Corey Lewandowski, asesor de Trump, salió del Departamento de Seguridad Nacional junto con la exsecretaria Kristen Noem. Lewandowski acompañó a Noem a Guyana.
La pregunta obvia nadie la está respondiendo: ¿Por qué un asesor presidencial acompaña a una secretaria que fue removida en una misión a Guyana? ¿Qué negocio del gobierno estadounidense se conduce así?
Esto sugiere algo más profundo: cambios de personal en DHS no son solo de personal. Son reorganización de poder.
El problema de fondo
Lo que une todos estos eventos es un gobierno que está intentando funcionar en medio de crisis superpuestas sin mecanismos claros para resolverlas.
Trump tiene autoridad ejecutiva. Pero está limitado por un Congreso donde su propio partido le bloquea presupuestos de seguridad nacional. Tiene enemigos externos atacando ciberneticamente. Tiene tensión interna en su base política.
Y tiene un reloj que corre contra él. Cada día que pasan sin solución — sin pagar a los agentes de TSA, sin resolver la guerra con Irán, sin mejorar los precios de gasolina — erosiona la aprobación presidencial.
Esta no es una crisis singular. Es un colapso administrativo en cámara lenta.
Lo que suceda en las próximas semanas determinará si Trump puede recuperar el control o si estas grietas se convierten en fracturas.
Por Carlos Mendoza