El presidente recurre a órdenes ejecutivas para pagar TSA mientras el Congreso negocia. El caos presupuestario alcanza su día 40.
El Senado de Estados Unidos aprobó el viernes 27 de marzo un proyecto de ley para financiar la mayoría del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), pero con un detalle que resume el estado actual de Washington: no incluye un centavo para los Servicios de Inmigración y Aduanas (ICE).
La crisis presupuestaria ya duraba 40 días. Y mientras los senadores debatían, los agentes de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA) estaban a punto de recibir otro cheque vacío.
Eso fue suficiente para que Trump actuara por su cuenta. El presidente firmó una orden ejecutiva para pagar a los agentes de TSA mientras el Senado seguía en sus negociaciones de último minuto. No fue una decisión menor: es lo que pasa cuando el Congreso deja de funcionar.
El síntoma real del problema
Una votación que no incluye fondos para ICE no es un accidente presupuestario. Es un acto político. ICE es la agencia que deporta a inmigrantes indocumentados, una prioridad central de la retórica de Trump en materia de inmigración. Su ausencia del financiamiento aprobado por el Senado refleja las divisiones internas en el Congreso sobre qué tan agresiva debe ser la aplicación de la ley de inmigración.
Mientras tanto, las filas de seguridad en los aeropuertos finalmente tenían perspectivas de mejorar. Ese fue el único ganador real del viernes: los viajeros que no tendrían que llegar cuatro horas antes de su vuelo.
Pero esto es sintomático de algo más profundo. El Congreso no puede cumplir su tarea más básica: aprobar presupuestos a tiempo. Estamos a día 40 de un cierre parcial. Los trabajadores federales no saben cuándo van a cobrar. Las agencias no pueden ejecutar política pública porque no saben cuántos recursos tendrán.
Y la solución es que el presidente firme órdenes ejecutivas para hacer lo que el Congreso debería haber hecho hace seis semanas.
El costo político crece
Mientras la administración Trump intenta mantener el control sobre eventos que se escapan de las manos, otros problemas amenazan con derribarse. Los precios de la gasolina están subiendo. La aprobación del presidente se dirige hacia territorio políticamente peligroso. Tres indicadores económicos clave presentan advertencias que no se pueden ignorar.
La guerra con Irán está dejando sus cicatrices. No solo en los campos de batalla, sino en la economía doméstica. Los precios de energía son volátiles cuando hay conflicto geopolítico, y eso golpea directamente en el bolsillo de los votantes.
Además, la administración envía mensajes contradictorios sobre los objetivos en Irán. Incluso algunos republicanos están frustrados por la falta de claridad. La Casa Blanca insiste en que Trump está dictando los eventos, pero busca simultáneamente dos salidas diferentes del conflicto. Eso no es estrategia. Es improvisación.
Las grietas en la base conservadora
Esta semana, la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en Dallas se suponía que sería un mitin de la base de Trump. En su lugar, está siendo testigo de divisiones reales sobre la estrategia en Irán.
No todos los conservadores están de acuerdo con cómo Trump está manejando el conflicto. Algunos ven overreach presidencial. Otros ven debilidad. Ninguno de esos escenarios es bueno para la cohesión política.
Otros problemas que no desaparecen
Mientras el Senado negocia presupuestos y Trump firma órdenes ejecutivas, el Comité de Ética de la Cámara realizó una audiencia pública rara sobre acusaciones de crímenes financieros contra la representante demócrata Shelia Cherfilus-McCormick de Florida. Las normas éticas en el Congreso están bajo escrutinio.
Y en el terreno electoral, el senador republicano de Montana Steve Daines anunció sorpresivamente su retiro después de dos mandatos. Los demócratas ya advierten sobre candidatos independientes que podrían dividir el voto. Eso sugiere debilidad republicana en un estado que debería ser seguro.
Lo que importa de verdad
Esta semana, la firma de Trump aparecerá por primera vez en nuevos dólares estadounidenses junto con la del Secretario del Tesoro Scott Bessent. Es un gesto simbólico de poder.
Pero el poder real está en un Congreso que puede aprobar presupuestos sin crisis de 40 días. En una estrategia militar clara. En una economía estable donde los precios de gasolina no suben durante conflictos que generan confusión política.
La orden ejecutiva de Trump para pagar TSA fue necesaria. Pero fue un parche en un problema mucho más grande: un gobierno federal que ha dejado de funcionar como debería. Y eso, a largo plazo, es más peligroso que cualquier crisis presupuestaria de corto plazo.
Por Carlos Mendoza