Flexibilizar sanciones a Moscú mientras se amenaza a Teherán no es pragmatismo. Es una contradicción estratégica con costo económico real para América Latina.
Trump, Rusia e Irán: la geopolítica del doble rasero que nadie quiere nombrar\n\nEn enero de 2025, la administración Trump comenzó a desmantelar sanciones que costaron años de negociación multilateral construir. El objetivo: Rusia. Al mismo tiempo, los halcones del gabinete hablaban de opciones militares contra Irán con una intensidad que encendió alarmas en Michigan, donde los votantes indecisos —árabe-americanos, progresistas moderados, trabajadores industriales— frenaron en seco cualquier entusiasmo bélico con una señal electoral inequívoca. Dos políticas. Dos países hostiles a los intereses occidentales. Dos varas de medir completamente distintas.\n\nEso no es pragmatismo geopolítico. Es contradicción estratégica. Y tiene un precio económico que los mercados emergentes —México incluido— ya están empezando a pagar.\n\n---\n\n### El costo real de la inconsistencia\n\nCuando una potencia global señaliza que las sanciones son negociables según el interlocutor, el instrumento pierde credibilidad. Y cuando las sanciones pierden credibilidad, los actores que dependen de ellas como herramienta de disuasión —Europa, Japón, Canadá, los propios aliados del T-MEC— recalibran su exposición.\n\nEl petróleo es el canal más inmediato. Si Rusia regresa gradualmente al mercado internacional con menor presión sancionatoria, los precios del crudo bajan. Para México, cuyas finanzas públicas siguen ancladas en un precio de referencia del barril que el propio paquete fiscal de 2025 calculó con márgenes estrechos, eso es una variable de riesgo directa. Pemex no necesita más presión externa: ya carga con una deuda que supera los 100,000 millones de dólares y una producción que lleva años sin recuperarse.\n\nPero hay un segundo canal, menos discutido: la señal que manda a los mercados de capitales sobre la predictibilidad del entorno regulatorio global. Los inversionistas institucionales no solo leen los fundamentos macroeconómicos de un país. Leen el contexto en el que operan las reglas del juego internacional. Cuando Washington reescribe esas reglas según conveniencia política doméstica —no según principios articulados y consistentes—, el costo de incertidumbre se distribuye entre todos los que dependen de ese orden.\n\n---\n\n### Michigan como termómetro, no como anécdota\n\nQue los votantes indecisos de Michigan rechacen la posibilidad de una guerra con Irán es políticamente relevante, pero el dato económico de fondo es más interesante. Michigan es manufactura. Es la industria automotriz que sobrevivió a duras penas la era del COVID, la escasez de semiconductores y la transición forzada hacia vehículos eléctricos que nadie financió adecuadamente. Es trabajadores que saben perfectamente lo que significa un choque de oferta energética.\n\nUna escalada militar en el Golfo Pérsico no es una abstracción para un trabajador de una planta de ensamblaje en Detroit. Es el precio de la gasolina, la cadena de suministro, el costo del acero. Que ese votante diga "no" a la guerra con Irán no es pacifismo ideológico. Es cálculo económico de supervivencia.\n\nLo notable es que la administración Trump, que se presenta como defensora de ese trabajador, está ejecutando simultáneamente dos políticas que lo exponen: flexibilizar sanciones a Rusia —lo que puede deprimir los precios del energético que sostiene ciertas economías estatales— y mantener la amenaza latente sobre Irán, que mantiene una prima de riesgo geopolítico en el barril. El resultado neto para ese votante de Michigan es incertidumbre. Y la incertidumbre, como sabe cualquier empresario, es el impuesto más silencioso y más costoso.\n\n---\n\n### El espejismo demócrata en Texas y lo que revela\n\nMientras todo esto ocurre, los Demócratas están ganando escaños estatales en territorios históricamente republicanos. Texas. Condados suburbanos de Carolina del Norte. Distritos que no habían votado azul en décadas. En 14 meses, 28 escaños estatales cambiaron de manos.\n\nLa narrativa que circula en los medios progresistas es que esto representa un realineamiento profundo. La lectura más sobria es diferente: es el voto de protesta de una clase media suburbanizada que no necesariamente quiere más gobierno, sino menos caos. No votan por la agenda demócrata. Votan contra la turbulencia.\n\nEse es el dato que nadie en el Partido Republicano debería ignorar. No es que el libre mercado, la desregulación y la disciplina fiscal hayan perdido atractivo. Es que cuando la marca que los representa genera incertidumbre arancelaria, contradicciones geopolíticas y una agenda exterior que parece improvisada semana a semana, el votante moderado busca refugio en lo conocido, aunque lo conocido implique más gasto público.\n\nEn economía conductual existe el concepto de aversión a la pérdida: los agentes prefieren evitar una pérdida cierta antes que perseguir una ganancia incierta. Ese votante suburbano no está eligiendo el New Deal. Está eligiendo la menor varianza posible.\n\n---\n\n### Lo que México debería estar leyendo\n\nLa administración de Claudia Sheinbaum enfrenta este entorno global con un presupuesto ajustado, una inversión privada que no termina de despegar y una relación con Estados Unidos que sigue dominada por la agenda migratoria y la presión sobre el T-MEC. En ese contexto, la inconsistencia estratégica de Washington no es un problema lejano.\n\nCada vez que la Casa Blanca reescribe las reglas del comercio internacional según el ciclo de noticias —aranceles que suben, bajan, se suspenden, regresan— el costo de planeación para las empresas que operan en México se incrementa. No porque México haya hecho algo mal, sino porque la predictibilidad del socio comercial más importante del país es, en este momento, un activo en deterioro.\n\nLa respuesta correcta no es más estatismo ni más regulación. Es exactamente lo contrario: generar certeza jurídica interna que compense la turbulencia externa. Garantizar que los derechos de propiedad, los contratos y las reglas del juego domésticas sean tan sólidos que el inversionista que duda ante el ruido de Washington encuentre en México un ancla de estabilidad, no otro factor de riesgo.\n\nEso requiere instituciones autónomas. Requiere un banco central que nadie politice. Requiere un Poder Judicial que no sea reconfigurado para servir a mayorías legislativas circunstanciales.\n\nEn sentido contrario, México está debilitando exactamente los mecanismos que necesita fortalecer.\n\n---\n\n### La pregunta que nadie hace\n\nCuando Washington flexibiliza sanciones a Rusia mientras amenaza a Irán, no está ejecutando una estrategia coherente de interés nacional. Está respondiendo a presiones internas, negociaciones opacas y cálculos electorales de corto plazo. El costo de esa incoherencia no lo paga solo el contribuyente estadounidense. Lo pagamos todos los que vivimos en economías integradas al sistema que Washington supuestamente lidera.\n\nLa pregunta relevante no es si Trump es pro-Rusia o anti-Irán. La pregunta es: ¿quién paga la factura de la inconsistencia? Y la respuesta, como siempre en economía, es la misma: el que menos puede negociar. El trabajador de Michigan. El exportador mexicano. El empresario que necesita planeación y solo encuentra ruido.\n\nLas urnas lo están registrando. Los mercados también, aunque más lentamente. El problema es que cuando los mercados terminan de procesar la señal, ya es demasiado tarde para ajustar sin costo.\n\nLas opiniones expresadas en esta columna son de la autora y no representan necesariamente la posición editorial de Baluarte News.
Por Claudia Vargas