92,000 empleos perdidos en febrero mientras el conflicto global se expande y la administración lucha por controlar los daños económicos

EE.UU. enfrenta una convergencia peligrosa de crisis que exponen las fragilidades de una economía que creía tener control: una guerra que se expande globalmente, una contracción laboral inesperada y un sistema aduanal en pánico por los aranceles que acaba de implementar.

Comencemos por lo más inmediato: el mercado laboral que prometía fortaleza acaba de colapsar.

92,000 empleos perdidos: la realidad que nadie esperaba

En febrero, la economía estadounidense perdió 92,000 empleos netos. No es un número que suene catastrófico a primera vista, pero en contexto es una campanada de alarma que la mayoría de analistas no vio venir.

Despidos en casi todos los sectores. No estamos hablando de un problema concentrado en una industria específica. Si afecta a múltiples sectores simultáneamente, significa que no es una perturbación localizada. Es una contracción económica real.

Esta cifra contradice directamente la narrativa de los últimos meses: que la economía estadounidense era inmune a los shocks externos, que el empleo era inquebrantable, que todo estaba bajo control. No lo está.

La pregunta que nadie quiere responder en Washington: ¿cuánto de esto está conectado a la escalada de incertidumbre comercial, los aranceles y ahora una guerra que está arrastando a múltiples países al conflicto?

La guerra se expande: Irán ya no es un problema regional

Una semana de conflicto activo entre EE.UU., Israel e Irán. Suena como un titular más de Oriente Medio. Excepto que no lo es.

NPR reporta que el alcance geográfico se ha expandido significativamente. Múltiples países ya están siendo impactados política y militarmente. El conflicto ha trascendido a los actores originales. Esto significa que los mercados globales —que ya estaban nerviosos— ahora están en pánico.

Guerras regionales tienen consecuencias globales cuando afectan el suministro de energía, transporte marítimo y cadenas de suministro. Es economía básica: incertidumbre = menos inversión, más cautela, despidos preventivos.

Los ejecutivos de empresas estadounidenses no necesitan esperar a que la guerra toque Washington para tomar decisiones. Si ven que el Golfo Pérsico se está volviendo inestable, que otros países están siendo arrastrados al conflicto, cierran posiciones, congelan contrataciones, ajustan operaciones.

Eso explica, en parte, por qué febrero vio despidos en casi todos los sectores.

El sistema de aranceles en caos: la FDA entre bastidores

Mientras todo esto ocurre, la administración está intentando reparar dos problemas simultáneamente: gestionar la percepción de que los aranceles funcionan y gestionar la avalancha de demandas legales que ya están llegando a los tribunales.

Aduanas de EE.UU. acaba de anunciar que tiene como objetivo un proceso simplificado de 45 días para devolver dinero a importadores sin requerir demandas individuales. Suena a solución proactiva. Pero también es admisión: hay tanto caos en el sistema de aranceles que necesitan un protocolo especial solo para devolver dinero.

Esto no es normal. Los gobiernos competentes no necesitan crear sistemas de emergencia para devolver dinero que nunca debieron haber tomado.

Y mientras la Casa Blanca intenta controlar el daño económico, el Dr. Vinay Prasad, jefe de vacunas de la FDA, acaba de abandonar su cargo. Es la segunda salida abrupta desde posiciones de responsabilidad. Ambas han seguido decisiones polémicas sobre revisión de medicamentos y vacunaciones.

Cuando los expertos en regulación se van —especialmente la segunda vez— es porque saben algo que el público no está siendo preparado para entender. Ya sea que crean que la política está interfiriendo en la ciencia, o que las decisiones tomadas van a tener consecuencias, los expertos se protegen a sí mismos.

Canadá busca renegociar mientras EE.UU. tambalea

En este contexto de crisis, Canadá está en Washington negociando el futuro del TLCAN con Dominic LeBlanc, su ministro de comercio.

Canadá está en una posición incómoda. Mientras EE.UU. enfrenta desempleo inesperado, una guerra que se expande y un sistema de aranceles que requiere "correcciones de emergencia", Canadá necesita certidumbre comercial. La renegociación del tratado no puede tardar: cada mes de incertidumbre daña a las empresas de ambos lados de la frontera.

Pero EE.UU. está negociando desde debilidad, no desde fortaleza. Un gobierno que acaba de perder 92,000 empleos no tiene margen para exigencias duras.

La realidad que Washington no quiere admitir

Las cinco crisis están conectadas: guerra → incertidumbre → menos contratación → presión sobre aranceles → necesidad de renegociar tratados comerciales.

Cada decisión tomada para "corregir" los problemas genera nuevos problemas. El sistema está mostrando signos de que no puede sostener simultáneamente una guerra global, un orden comercial convulso y una economía en contracción.

Eso es lo que los números de empleo de febrero realmente dicen. Y es lo que debería preocupar a cualquiera que pague impuestos en EE.UU.


Por Carlos Mendoza