Destitución en DHS, rechazo a límites de guerra y turbulencias republicanas en Texas marcan una semana de poder presidencial sin frenos
El jueves 5 de marzo fue un día que resume el estado actual de Washington: un presidente que actúa sin restricciones, un Congreso que no las impone, y un Partido Republicano que se desmorona internamente mientras celebra sus victorias legislativas.
Trump destituyo a Kristi Noem como secretaria del Departamento de Seguridad Nacional. Su reemplazo: Markwayne Mullin, senador republicano de Oklahoma. Un exluchador de artes marciales mixtas de primer término en el Senado ahora estará a cargo de una agencia de 280,000 empleados y un presupuesto de $60 mil millones anuales.
No es un movimiento sorpresivo en una administración que ya ha reemplazado a otros secretarios de gabinete. Pero simboliza algo más profundo: en el segundo mandato de Trump, no hay instituciones que frenen decisiones ejecutivas. El Senado que podría confirmar o rechazar este cambio está controlado por republicanos. Mullin será confirmado sin fricción.
El Congreso se rinde en Poderes de Guerra
A las pocas horas de la destitución de Noem, la Casa Blanca celebró otra victoria: el Congreso rechazó una resolución de Poderes de Guerra que habría limitado la capacidad de Trump para hacer guerra sin autorización legislativa explícita.
Este es el punto que debe resonar: cuatro demócratas votaron con los republicanos para derrotar este intento de mantener la separación de poderes. La Constitución es clara en un punto: el Congreso declara la guerra. Pero hace décadas que el Poder Ejecutivo ejerce autoridad de guerra sin esa declaración.
La Casa Blanca celebró la derrota de esta resolución como luz verde para acciones contra Irán. Y tiene razón en hacerlo. Sin límites legislativos, Trump tiene las manos libres.
Es difícil ver esto como victoria democrática. Es el colapso de un sistema de pesos y contrapesos que se ha erosionado durante administraciones de ambos partidos, pero que bajo Trump alcanza su extremo lógico.
Texas: el Partido Republicano contra sí mismo
Mientras tanto, en Texas sucede lo opuesto. El Partido Republicano está fracturado.
Tony Gonzales, representante republicano por Texas, se retiró de su campaña de reelección el 5 de marzo después de admitir una relación extramaritales. Líderes republicanos de alto nivel le exigieron que se retirara. Fue una purga interna ordenada.
Pero eso es secundario comparado con lo que sucede en la carrera por el Senado estatal. Existe una segunda vuelta entre el senador John Cornyn y el fiscal general Ken Paxton. Ambos republicanos. Ambos compitiendo por la misma candidatura.
Republicanos de Texas ya expresan preocupación: esta contienda interna puede debilitar al partido antes de las elecciones generales de noviembre. Gastarán dinero, recursos y credibilidad atacándose mutuamente. Y mientras, ¿quién se beneficia?
Los latinos de Texas cambian el tablero
Los demócratas, eso es seguro.
En múltiples condados mayoritariamente latinos de Texas, se emitieron más votos demócratas el 4 de marzo que los que votaron por Kamala Harris en 2024. Eso es un cambio de magnitud. La participación latina fue significativamente más alta.
James Talarico ganó la contienda democrática primaria. Ahora espera enfrentar al ganador de la segunda vuelta republicana entre Cornyn y Paxton, dos republicanos que estarán debilitados después de semanas de batalla interna.
Este es el cálculo: mientras Trump tiene el Congreso de su lado y puede hacer guerra sin autorización legislativa, su propio partido se autodestruye en el estado más grande en disputa para las generales de 2026.
El gobierno contra la economía
Y luego están los aranceles. El 5 de marzo, 24 estados demandaron a la administración Trump para bloquear nuevos aranceles globales que Trump impuso como reemplazo de gravámenes que la Corte Suprema había anulado.
Trump dice que los aranceles son herramientas de negociación. Sus demandantes dicen que son ilegales. Lo importante: la administración está usando la política comercial como instrumento de poder presidencial sin límites, y el sistema judicial ahora tendrá que frenarla.
Eso, si lo frena. Pero con una corte con mayoría conservadora, no está claro.
El resumen
Después de una semana como esta, el cuadro es evidente:
Trump tiene poder sin contrapesos legislativos. Su partido se fractura en estados críticos. Los demócratas ganan terreno en electorados que importan. Y las instituciones que podrían frenar esto—el Congreso, el Poder Judicial—están cansadas o están del lado del presidente.
Eso no es democracia. Es concentración de poder. Y en una república, eso nunca termina bien.
Por Carlos Mendoza